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Este proyecto nació en el Liceo 11 de Villa Urquiza, por iniciativa de un grupo de profesoras que sueñan con un mundo más justo para todxs, con menos violencia y más respeto. La educación sexual es una herramienta de liberación y descolonización de los cuerpos, hoy dominados por mandatos que oprimen y provocan sufrimiento. Como la vida es cambio constante, algunas personas se quedan, otras se van, entonces este proyecto toma vuelo propio, se expande, se multiplica, e invita a todxs lxs que quieran sumarse a esta aventura de desandar caminos y armar otros nuevos, mejores...

miércoles, 31 de marzo de 2010

¿Qué enseña la escuela sobre el cuerpo?


Los cuerpos crecen en la escuela, la transitan, la habitan.
Niñas y niños ocupan asientos, se mueven, acatan o no la orden de negar el cuerpo, de ser sólo oídos atentos, manos que escriben y copian en papeles lo que otra/otro decide. Otra/otro que también se abstrae de su materialidad, que acarrea ese vehículo de células que lo sostiene, que arrastra libros, carpetas, hojas de aula en aula. Otra/otro que se acostumbró a aceptar su cuerpo negado, olvidado, agotado.
Los cuerpos de las niñas y los niños entonces se transforman, florecen, desean, exploran, desafían. Pero ese despertar no es libre, natural. Hay normas tácitas, pero por todos conocidas que regulan y normativizan el cuerpo. El niño/ niña es pensado como heterosexual , cualquier otra variante es vigilada, castigada, despreciada. Duele escuchar en las aulas que los prejuicios siguen más vivos que nunca en nuestras/os alumnas. Basta con estar atentos a sus comentarios, insultos, risas sobre el otro/otra. Entonces, seguimos fallando, algo no estamos haciendo bien.
La escuela enuncia el discurso de la diversidad, habla de aceptar al otro, de no discriminar, pero ¿qué esconde esta aparente "bondad" y comprensión hacia lo que se llama "diferente"?
Sólo más de lo mismo: la hegemonía del cuerpo correcto, el que sigue la regla. La instauración del poder y el control sobre el deseo y la vida de las personas.
Las/los profesores debemos trabajar en conjunto para limpiar nuestras mentes de prejuicios y preconceptos moralistas. Sólo así podremos educar en la libertad auténtica: la de vivir según lo que somos, sin tener que disimular, callar, sufrir el desprecio y la humillación de los otros por no encajar en el molde.
Las/los invito a leer una excelente nota publicada el viernes 26 de marzo en el suplemento SOY, de Página 12 , que reflexiona sobre estas cuestiones:
DE VUELTA A CLASE

El corte perfecto

La norma heterosexual en la escuela no es una vara que golpea a niños raros; mucho más sutil, trabaja con la presunción de que todos somos hétero y todos debemos serlo. En ese contexto, el cuerpo de la infancia aparece recortado en zonas prohibidas, zonas erógenas, zonas para mujercitas y para varones.
La norma heterosexual opera por la presunción de que el deseo sexual es o debería ser heterosexual. La infancia no escapa a esta fuerza de ley y sus cuerpos serán objeto de un sinnúmero de procesos de normalización para que se adecuen al deseo “correcto”. La heteronormatividad opera como una tecnología de carnicería al fragmentar el cuerpo, recortando órganos y generando zonas especializadas para el placer, que después instituye como centros naturales y anatómicos de la diferencia sexual.
La gramática escolar es, así, un engranaje más de este dispositivo de implantación del poder que naturaliza la diferencia sexual y nos hace pensar imperativamente que el mundo sólo está habitado por hombres y mujeres heterosexuales.
Para seguir leyendo
(El cuadro es Las tres Gracias, de Rafael, año 1505)

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